domingo, 16 de octubre de 2016

Me elijo

Gracias humito, me diste lo que necesitaba. Fumé y fumé durante años y te dejé durante meses. Volví y volví a ti. Recaí varias veces. Hoy te dejo para siempre pero siempre estarás en mí. Soy una adicta a ti y por mucho tiempo que pase, lo seré siempre.
Me he cansado de excusarme detrás de ti, de tapar y tapar mis pulmones y mi corazón por no querer ver lo que había detrás. Te he fumado hasta dolerme el pecho y hasta sin apetecerme.

Hoy me elijo, elijo mi vida, elijo vivir y dejo de escudarme en el humo para no ver, para no sentir el dolor de lo que hay detrás. Gracias por hacerme de "salvavidas" durante estos años, pero ahora elijo no tenerte en mis dedos, mi boca, mi garganta y pulmones. Elijo sanarme, elijo vivir y dar vida más adelante, elijo reír y llorar, ...elijo lo que la vida me haga sentir y me ponga por delante.

Repito, siempre estarás en mí porque me has cautivado, me tienes ahí...tu humo me sacia, "me calma", me permite creer que me evado, que contigo todo es menos doloroso. Pero no. Ha llegado hasta tal punto mi sentimiento de culpabilidad, que ya no puedo seguir, no me dejas avanzar, es todo una mentira que yo me he creado.

Humito, esta relación se acaba aquí y ahora. Gracias por lo que me has dado, gracias por dejar ver mi vulnerabilidad. Pero soy más vulnerable contigo, nada me solucionas. Me quitas, no me das. Me di cuenta de esto...de hecho ya lo sabía. No me dejas crecer y avanzar hacia mi lugar en el mundo, no me dejas expandirme y abrirme. Se acabó.

Hoy sano mis pulmones, mi traquea, mi boca, mi lengua...hoy sano mi corazón dolorido. Hoy me sano y respiro vida y alegría de vivir. Hoy decido ser yo completamente sin necesidad de complementos materiales ni añadidos tóxicos. Hoy me elijo a mí.




domingo, 2 de octubre de 2016

El árbol del clan

El árbol del clan trata sobre mi experiencia con el árbol genealógico. No soy una experta, sólo puedo hablar de lo que he vivido y he sentido y de lo que, aún hoy, siento y descubro de mi árbol:

"Nacemos donde nos toca. No elegimos. Quizás sí para aquellos que crean que nuestra alma, antes de llegar al mundo terrenal, elige en qué clan nacer. Está bien así. No obstante cuando aterrizamos en él, no somos conscientes de nuestra elección. 

Si revisamos nuestro árbol genealógico, nacemos en dos clanes (padre y madre)  con una historia detrás: dolor y sufrimiento a sus espaldas, ausencias, abandonos, exclusiones, suicidios, violaciones, abusos, maltratos, rencores, ruinas económicas, ... Los hechos ocurridos en la historia familiar los llevamos impregnados en la piel pues fuimos tocados por nuestros padres y abuelos, nuestros padres por sus padres y abuelos, nuestros abuelos por sus padres y abuelos, y así podría seguir hasta un sinfín de generaciones y generaciones anteriores a nosotros. La información de la familia (hasta la cuarta generación (bisabuelos), la tenemos latente. La anterior, según Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa en Metagenealogia, se pierde.

Para saber más sobre nosotros, es importante indagar en el árbol y recoger información (fechas de nacimiento y defunción, nombres, separaciones o divorcios, enfermedades, emigraciones,...). Todo lo que se recoja, será valioso pues nos dará pistas sobre lo vivido y lo acontecido anterior a nosotros. Esta parte es importante, pero la intencionalidad también: ¿Qué información queremos obtener del árbol? 

En el momento en qué se sacuden sus ramas, todo emerge y podrás encontrar familiares reacios a hablar sobre hechos, o que al recordar algo que ocurrió hace cincuenta años aún se emocionan y, también, frases o dichos que podemos escuchar hoy en día a través de nuestros padres, tíos y abuelos, que dejan huella aún hoy sobre nuestras acciones y en nuestra forma de estar en el mundo, como las siguientes: el dinero no vale para nada (ruina financiera, disputa por alguna herencia,...); mejor solo que mal acompañado/a (decepción amorosa); huir es de cobardes (alguien del clan que huyó...¿por qué?); más se perdió en la guerra (pérdida de seres queridos en guerras, pasar hambre,...); ojo por ojo, diente por diente (sed de venganza); etc. Todo nos lleva a hechos acontecidos no sanados. Un dolor latente.

Para poder entender a cada personaje del árbol es necesario ponerse en su piel simplemente cerrando los ojos y dejándonos sentir. ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo? En él encontraremos respuestas si nos observamos con atención. Es necesario, además, entender que el dolor familiar está tanto para víctimas como para verdugos ya que es una energía que no entiende de bien o de mal, está latente y por tanto, el dolor es igual para todos. 

A partir del trabajo con el árbol, podemos dar luz a muchas situaciones y aceptar que las cosas fueron de esa manera porque tenían que ser así. Para mí, bajo mi punto de vista y mi experiencia personal, siento que se trata de devolver la dignidad a todos y uno de los miembros del clan. Dignos, hicieran o actuaran en un momento dado de la manera que lo hicieran. Porque en el fondo de todo, en lo más hondo, aún habiendo sucedido el hecho más despreciable y atroz que podamos juzgar, todo lo que pasó, iba encaminado al amor."

Para a los que les interese profundizar os recomiendo el libro Metagenealogia de Marianne Costa y Alejandro Jodorowsky.

¨Un árbol se define por su tronco y sus hojas, pero también por todo lo que está enterrado ¨ – Zen Revista

                                       Imagen: www.zenrevista.com.uy

viernes, 23 de septiembre de 2016

La niña abandonada

Mi niña se siente abandonada desde los nueve años, cuando mis padres se separaron. La relación con mi padre era poco constructiva y emocionalmente un cubo de basura lleno de porquería. Hoy tengo treinta y un años y estoy sanando las heridas del pasado, las marcas de una guerra conmigo misma, las manchas de sangre de las peleas interiores y mis proyecciones insanas marcadas por la rabia y el enfado hacia el mundo. Me hallo en un camino duro pero lindo a la vez. Tan pronto siento que caigo como que mis alas se abren y empiezan a moverse para que vuele cada vez más alto, con más aprendizaje y más perspectiva. 

Hoy, por fin, me he dado cuenta de que la niña siempre me va a necesitar para que le proteja del abandono, no sólo el que sintió con su padre, si no también el que más adelante se ha ido dando en las relaciones con los hombres. Sí, mi niña tiene miedo al abandono y por esto prefiere antes abandonar a que le abandonen. Pero el juego no funciona, pues boicoteo mis relaciones a partir de exigencias emocionales con tal de que alguien de fuera cubra las necesidades de mi niña: la escucha, la atención, etc. Básicamente, poner en las manos de los demás mi felicidad y bienestar emocional.

Antes le calmaba, le daba cuatro caricias y le mecía con tal de acallar su llanto. Después, me despreocupaba y le soltaba pensando que como el dolor ya se había aliviado, la niña no aparecería. Grave error. Mi niña siempre estará ahí, mirándome con deseo de que le vea y le reconozca, deseosa  de que le comprenda y no suelte su mano. Forma parte de mí. Y es que  en vez de seguir mi camino aceptando y respetando mi cojera atravesando los baches con cuidado de no caer, he pretendido ser una coja que no cojeaba, no he tenido en cuenta que mi pierna necesitaba atención.

Hoy he decidido hacerme cargo de la niña que hay en mí y responsabilizarme de ello me hace, a la vez, responsable de mi vida, mis decisiones, de los caminos a tomar y elegir, a ser un poco más consciente de las relaciones que establezco con los demás. Poco a poco, le iré viendo cada vez más hasta que llegue el momento en el cual me anticipe a su necesidad de ser vista y la detecte: ahí está mi niña abandonada, le sé ver.

Esa niña no soy yo, pero forma parte de mí, de mi esencia y de mis traumas, así que le acojo, le miro, le mimo, le doy calor y le comprendo. No puedo pretender vivir sin verle porque, tarde o temprano, volverá a reclamar mi mirada.